Muchas veces el arte funciona como reproductor de modelos
ideológicos, otras como inductor, pero siempre, de forma invariable, reflejará
la identidad ideológica de quien la produce, es decir, la ideología del artista
se expresará en sus obras consciente o inconscientemente. Esto es saludable,
debe ser así porque lo que producimos, lo que creamos, lo que nace de nuestro
interior debe tener rasgos propios, identitarios del autor.
Pero, así como hemos pasado por el filtro del análisis las
creaciones de Walt Disney (usina reproductora del modelo capitalista, misógino,
racista y violento) analicemos velozmente algunos de los personajes a los que
dio vida García Ferré.
Arranquemos por los que componen la tira Hijitus, quizá la
más acabada forma de crear una mentalidad servil a las premisas imperiales:
- · Oaky: ¿cómo olvidar a un bebé que lleva dos revólveres constantemente en las manos y cuyo slogan es “tiros, líos y cosha golda”? Quién, desde la mirada adulta puede, conscientemente, soslayar el detalle de que el nene rico puede ir a los tiros por el pueblo, porque es “poderoso económicamente” y por ello intocable.
- · Gold Silver: Poderoso caballero “don dinero”, frente a este hombre, el comisario del pueblo se vuelve manso y sumiso, lo llama “don Gold Silver” y se para frente a el con mirada baja y un lenguaje corporal que lo denota obediente.
- · El Comisario: Con acento litoraleño, el comisario, sumiso cuasi empleado de Gold Silver, amenaza a las personas con “hacerlos repimporotear en el calabozo” en una velada alusión a la violencia policial, lo que sucede es que cuando los apremios se traducen como algo casi gracioso, se naturalizan. Así como su uso en determinadas y repetidas, series televisivas acaba por generar la idea de que son “métodos necesarios aunque no legales”, como esos hechos de abuso de poder quedan sin castigo (nunca se muestra al violento recibiendo cargos o penas por su accionar) se genera el pensamiento que acaba por legalizar y naturalizar esta terrible mirada sobre la ley, lo que da pie a que continúe ocurriendo. Por otro lado si hacemos foco sobre este personaje, es el único que tiene acento provinciano y siguiendo el pensamiento Nisneyano, es el que menos criterios y palabras maneja, tanto así que los problemas se los resuelven Hijitus y Oaky.
- · Hijitus: El héroe de la tira, es un niño huérfano que vive en un caño cerca del río. Pese a ser los ojos y oídos del comisario y salvar a Gold Silver una y otra vez, jamás asciende socialmente (por un lado es un alivio que en el mundo paralelo de García Ferré, el buchón no gana status) pero nadie hace nada porque ese niño deje el caño en el que está. Este rasgo perpetúa la idea de que “el pobre es pobre y punto” que debe quedarse donde está, que las clases están definidas y nunca cambiará. Hijitus es un marginal que trata de todas maneras posibles, de conseguir amor y reconocimiento, se arriesga por otros, hace el trabajo sucio, pero recibe solo las “gracias”. Si lo vemos en profundidad se implanta el hecho de la magnanimidad del “señor” del pueblo en cuanto a que le agradece al pobre vasallo su valiente accionar, pero nunca le permitirá el ascenso.
- · Larguirucho: Es imposible no darse cuenta que este personaje refleja lo que su creador pensaba del pueblo peronista, Larguirucho, es un muchacho de gorra que toca un bombo grande como los que se usan en los actos y movilizaciones, es ingenuo, medio zonzo y se deja envolver por Neurus, al que siempre termina entregando a la policía. Para García Ferré el peronismo era eso, así como para Altavista, el peronista era lisa y llanamente ignorante, bruto y desalineado. Lo más terrible es que ese personaje tiembla si lo ve al comisario, lo que indica el temor frente al posible torturador. Recordemos que estos personajes llegan a la televisión en los años 60, esto implica que es en tiempos de la dictadura y de la proscripción del peronismo, también en tiempos de caricaturización y burla del mismo.
- · Neurus: El malo, muy malo, porque además es científico, tiene un acento extraño, como mordido, casi ruso, él es el de las ideas extrañas y los planes para apoderarse de todo y siempre quiere dominar el mundo. Siempre me recordará a aquel ministro de educación de la dictadora del 76 “el exceso de pensamiento es dañino para los jóvenes”. El intelectual, conocedor de muchas realidades fuera de Trulala (el pueblo donde habitan todos) es quien maneja a la parte influenciable de la sociedad, es decir la clase baja, es decir Larguirucho. Pero siempre le sale mal, porque el hijo del patrón le arruina los planes, además se rodea de ignorantes.
- · Pucho y Kechum: dos primos mafiosos, uno es matón, tanguero el, pobre, siempre de camiseta con el pucho en la comisura del labio, el otro con un carácter explosivo, boxeador que no llegó más que a matón.
- · Serrucho: al que nunca se le entenderá, y que no ve ya que la gorra le tapa los ojos (por qué será?)
- · El director del Museo, hombre que guarda la sabiduría y herencia del pueblo, tiene acento anglosajón, por lo tanto el pelirrojo hombre, es formado, la cultura para el creador del personaje venía de tierras sajonas, lo de aquí es simple folclore.
- · Cachavacha: la buja del pueblo, también oficiaría de curandera, en cada pueblo hay una, pero es “enemiga de la ciencia” salvo cuando Neurus le ofrece un negocio. A Cahchavacha los hechizos le salen mal, es mentirosa y comerciante, porque la tradición mágica popular, no puede ser comparada con otras brujas del mundo ni con la pujante ciencia de los laboratorios, que se han hecho ricos robando recetas a los sanadores populares. La bruja del pueblo es mala, se llama Cachavacha (Cachivache en radragas, una forma de jerga usada a modo de juego hace ya muchos años)
Podríamos tomarnos días enteros para analizar la extensa
obra de Ferré, lo cierto es que siempre, al hilar fino, encontraremos estos
detalles que no carecen de importancia, ya que están dirigidos a los niños, y
se constituyen en la base de cómo verán el mundo.
No me malentiendan, no describo una conspiración, sino que
me limito a analizar, qué figuras habitan el inconsciente de muchos de
nosotros.
Nunca olvidaré cuando me llevaron a ver “Ico, el caballito
valiente” y “Trapito”, no hubo niño/a que no saliera llorando a mares por esos
pobres personajes, huérfanos, solitarios, pobres… El golpe bajo constante para
hacer nacer emociones es una regla de cierto cine, Disney ha hecho lo mismo con
Bamby y otras historias por el estilo. Causar ese sufrimiento a los niños
también es una forma de violencia.
Por otra parte, cabe recordar que en el argumento de Ico se
hablaba veladamente de las desapariciones (de jóvenes potrillos en este caso) a
manos de un duque que gobernaba el pueblo. ¿Será parte de la inserción en la
Argentina de la democracia? ¿Lavado de cara?
Es un ejercicio necesario tamizar analíticamente las cosas
que consumimos desde lo simbólico, porque sobre ese estrato se implantan las
ideas imperiales.
Para los que no se hayan detenido en este punto, les
recomiendo asomarse a un libro fascinante llamado “Para leer al Pato Donald” de
Dorfman y Matelart.
Los dibujos animados no son nuca carentes de un sentido explícitamente
dado, como toda obra, y no se trata de prohibirles a los chicos verlos, sino de
que los vean sabiendo lo que ven, compartir con ellos el rato frente a la tele
para ayudarlos a desentrañar lo que se presenta ante sus ojos es generar el
pensamiento crítico, entonces las causas serán elegidas y no impuestas.
Ya sé, algunos se enojarán conmigo porque toco los que,
algunos consideran, parte de los tesoros de la infancia, pero creo que puede
ser la punta para analizar más profundamente la simbología que alimentó a
varias generaciones.
Igualmente este no es un tema que se agota aquí, los dibujos
animados y las producciones para niños siguen apareciendo incesantemente en el
mercado, y cada una de ellas es digna de analizarse.
No intento con esto decirles que el creador de Hijitus,
Anteojito y demás, es “el más malo del mundo”, pero es válido poner en
discusión a quién sirven ciertas obras.
Parte de la batalla cultural es poner en claro los íconos y
modelos que perpetuaron las formas y conceptos de la dominación.
Guadalupe Podestá Cordero.