Hoy un amigo querido me sirvió de inspiración para plantearme y contarles por qué me paro donde me paro.
Se supone que una persona que realiza mi trabajo debe estar distanciada de los aconteceres de su país, no debe dejarse llevar por las pasiones y jugar al iluminado respirando hondo y viendo colores.
Esta es una idea que se implantó desde el pensamiento imperial, porque conviene que quien transite el mundo de la espiritualidad no haga lectura política, conviene que no se comprometa con lo social más que desde la mísera dádiva, conviene a los señores del imperio que seamos meros individuos que protegen su quintita espiritual y mantiene su energía limpia de controversias, bah, conviene que seamos pobres zombis…
Yo elegí mi lugar, soy directa, he tomado posición, igual que muchos a los que conozco y quiero, he cometido el terrible pecado de reconocer la ideología en que se enmarcan mis acciones y defiendo mis convicciones políticas con las tripas, pulseando la vida, actuando desde mi chakra sacro, porque no niego mis pasiones.
Podrían venir cientos de Sri Sri y yo seguiría sintiendo lo mismo, como ser buena chamana si no piso el mismo suelo que los que me piden ayuda, es más, con qué cara recordar y mirar a mis ancestros si no camino con el pueblo, con los desplazados, con los excluidos…?
Qué sería de la inmortalidad de mi alma si me transformo en una ameba que late y repite las frases hechas de la New Age…?
Media sangre de la que me compone es anarquista, anarquistas que abrazaron en primer peronismo, provengo de una familia obrera, crecí con todo ese bagaje en una casa donde era tan natural leer a Marx, como a Bacunín, como a Blavatsky (Helena P.) y la literatura espiritual y esotérica.
Desde chica me apasionó la historia, el revisionismo que hoy algunos condenan, es maravillosos cuando uno se pone a ver los procesos revolucionarios con los que se conformó la verdadera historia popular de la Argentina y de la Patria Grande.
Claro, a muchos les resultará inentendible, que siendo chamana, astrologa, parapsicóloga y maga en varias disciplinas (además de Psicodramatista, Coach y Terapeuta Floral) tenga este espacio sobre política, pero es que antes que todo eso soy mujer, humana, habitante, conjunción de sangres que viene de la historia.
Negar las ideas que uno tiene es negar el alma, negar la pulsión, negar la vida.
Me paro del lado que me paro (y si hay lados) porque elijo luchar por lo que creo. Porque siento que los hijos que traiga al mundo deben nacer en una Argentina de la que se sientan orgullosos y no de la que descreer como me pasó mucho tiempo.
Creo que muchas veces en el afán de la paz mental muchos se olvidan de asumir lo que creen, me parece que quizá no se dan cuenta que así, sin comprometerse, manteniendo una distancia simbólica, se hacen más mal que bien, porque es así como se estereotipa la postura mental y se llega a la enfermedad.
Las ideas no se matan (escribió en los Andes, Sarmiento, que amaba matar las que no eran la suya) Sin querer dijo algo que es verdad, las ideas son nuestro asidero, nuestra forma de ver y sentir, nuestra métrica del mundo.
Para adherir a algo hay que indagar, y luego ver que resuena adentro.
Cuando vi el pueblo en la calle en el bicentenario, cuando los sentí en la discusión de la ley de medios, festejando el matrimonio igualitario, defendiendo las medidas con presencia, cuando veo las vigilias de los juicios por crímenes de lesa humanidad, cuando veo la plaza llena de banderas en ocasiones especiales, cuando festeja el pueblo, ¡como quedarme afuera!, ¡cómo no ir al encuentro de eso que algunos con asco llaman “aluvión zoológico”, si me toca ver lo que nunca creí, porque pensé que esa mística había muerto con los 30.000!.
Esto no es una revolución, todos lo sabemos, pero si es un cambio, sí es volver a recuperar ciertas cosas.
Por eso me paro donde me paro, por amor y convicción, porque por una vez alguien me representa.
Guadalupe Podestá Cordero
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