Por
Guadalupe Podestá Cordero
Durante años ha sido un deseo que cultura sea un ministerio
por sí mismo, y que en su hacer rescate la riqueza pluricultural de la patria. Dejar
detrás el eurocentrismo y el amor cosmopolitico de los rancios intelectuales
para poder por fin hacer arte con el pueblo, desde el pueblo. Esto empezó a
hacer el anterior secretario.
Jorge Coscia deja una secretaria, ahora ministerio, que
realizó un muy interesante trabajo. Esta etapa es la de profundizar en lo
popular, en la multiculturalidad. Esto lo expresó la actual ministra en su
asunción y es remarcable.
Los grandes “Medios” se dedicaron a destilar cierto veneno
por este hecho, dejando ver ese enrarecido paisaje que les gusta pintar.
De ella solo dicen, “cantante popular” “correntina”
“chamamecera”. Un pseudoprograma se dedicó a hacer una imitación a todas luces
negativa, para dejarla en la peor imagen. Si uno recorre las notas publicadas
hace tres días atrás y se toma el trabajo de leer los comentarios, verá que ya,
en pocas horas de estar desarrollando su trabajo, es atacada con una ferocidad
que es común en cada artista que se acerca al gobierno. Incluso un diario
salteño tituló “Cantante, Militante y Ministra”
Siempre pasan estas cosas, cuando alguien del ambiente de la
cultura, es confeso militante será atacado. Me pregunto si las artes seguirán
en manos de musas y dioses, en un olimpo griego inalcanzable. Toda cultura, toda expresión de las artes es
inherente al humano, tanto como las ideas, las ideologías y las elecciones que
se realizan en la vida, el arte es al humano tan familiar como la creencia,
como la capacidad de respirar.
Coscia, traía el estigma de ser un cineasta peronista, con
una mirada enfocada en lo nacional desde lo casi iconográfico, en su obra esto
queda claro, más que claro.
En cambio la actual ministra, trae el estigma de cantar a
ese país que no entra en las expectativas de la oligarquía, porque canta sobre
trabajadores, hijos e hijas de las provincias que buscan armar sus vidas con el
dolor del desarraigo, habla del amor simple y complejo a la vez, de los
recuerdos de infancia, del patio de la abuela, de las caritas de los alumnos
que tuvo como maestra rural. Viene marcada por cantarle a un país que no
contaba para nada en los titulares de los terribles noventa. Viene marcada con
el humo del piquete del hambre del 2000 y 2001.
Para la oligarquía es uh hecho maldito que los militantes
populares estén al frente de la cultura, sobre todo si son de extracción
peronista o de la izquierda enmarcada en el pensamiento nacional y popular,
porque con ellos los “negros” vienen
a ocupar el lugar que ellos les hubiesen regalado a sus escuálidos personeros.
No me interesa detenerme en los méritos, no es esto una oda
ni un ensalzamiento de la figura de nadie, me interesa que analicemos la
molestia que les causa que una cantautora popular ocupe este rol cuya
importancia esencial es la de poner en relieve una cultura inmensamente rica,
fundada en la purinacionalidad de nuestro pueblo, aunque la constitución aún no
nos incluya a todos y todas.
Molesta la mirada popular, molesta esa música y esos versos
que desgranan simples de un corazón que puebla el país, pero que no es
considerado por las élites de la cultura.
Es hora de que ese otro país, que la cultura elitista se
negó a ver, abra las puertas en guaraní, en quichua, en mapudungun, en qom y en
todos los idiomas que pueblan nuestro suelo. Los ojos y las caras empiecen a
poblar el imaginario cultural con sabidurías ancestrales.
Debemos recuperar el concepto de cultura popular, sin el
eurocentrismo, entender que cultura es todo lo que un pueblo hace y piensa, que
no hay cultos e incultos, sino seres aculturados por el interés de las
oligarquías, pero que hay muchos que mantiene la cultura de la raíz en su
hacer.
Darnos cuenta de la pluriculturalidad del pueblo es iniciar
el camino hacia una conciencia nacional real, esa conciencia que hasta acá
suele escapársele a nuestros estudiosos, porque el pensamiento nacional no lo
será del todo mientras las culturas de las naciones preexistentes sigan
quedando afuera, porque ese país que no se suele ver ni escuchar es el nido en
el que duerme nuestra verdad más profunda.
Bienvenida Teresa, te recibo con la pesada carga de mis
esperanzas de un ministerio en el que todas las formas de cultura tengan
espacio para así tener un espejo donde ver nuestra cara más original.
Solo así dejaremos la colonia detrás, solo así las huellas
de la verdad relucirán en la tierra.
Les dejo estas estrofitas para seguir pensando:
El Otro País – Teresa Parodi 1989
He visto el
otro país
Descalzo en
el arenal
Con ojos de
cunumí
Preguntándonos
por la dignidad
He visto el
otro país
Vestido de
soledad
Durmiéndose
en el andén
Sin tener a
qué puerta golpear
He visto el
otro país
Pidiendo la
libertad
De aquellos
que encarceló
Sin
explicación tanta impunidad
Lo he visto
jugándose
Entero por
los demás
De blancos
pañuelos va
Déjenlo
pasar, déjenlo pasar
He visto el
otro país
En nuestros
hijos mi amor
En la
tremenda ilusión
De
creérmelo, de creérmelo
Me duele
debo decir
En la
cantora que soy
En la
maestra de ayer
Una y otra
vez, una y otra vez
He visto el
otro país
Buscándose
el porvenir
De
adolescente lo ví
Por la primavera
queriéndose
En tantos
vuelve a nacer
Me gusta
sentirlo así
Que nadie
pueda con él
Déjenlo
vivir, déjenlo vivir
Lo miré
soltar su esperanza al viento
Como una
pandorga de sol en vuelo
Lo miré
volver del trabajo incierto
Con el puño
alzado lo sigo viendo
Lo miré
pelear defendiendo un sueño
Lo miré en
tus ojos, che compañero
Tan
intensamente lo sigo viendo
Lo sigo
viendo
He visto al
otro país…
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