miércoles, 14 de mayo de 2014

Llegó Teresa

Por Guadalupe Podestá Cordero
Durante años ha sido un deseo que cultura sea un ministerio por sí mismo, y que en su hacer rescate la riqueza pluricultural de la patria. Dejar detrás el eurocentrismo y el amor cosmopolitico de los rancios intelectuales para poder por fin hacer arte con el pueblo, desde el pueblo. Esto empezó a hacer el anterior secretario.
Jorge Coscia deja una secretaria, ahora ministerio, que realizó un muy interesante trabajo. Esta etapa es la de profundizar en lo popular, en la multiculturalidad. Esto lo expresó la actual ministra en su asunción y es remarcable.
Los grandes “Medios” se dedicaron a destilar cierto veneno por este hecho, dejando ver ese enrarecido paisaje que les gusta pintar.
De ella solo dicen, “cantante popular” “correntina” “chamamecera”. Un pseudoprograma se dedicó a hacer una imitación a todas luces negativa, para dejarla en la peor imagen. Si uno recorre las notas publicadas hace tres días atrás y se toma el trabajo de leer los comentarios, verá que ya, en pocas horas de estar desarrollando su trabajo, es atacada con una ferocidad que es común en cada artista que se acerca al gobierno. Incluso un diario salteño tituló “Cantante, Militante y Ministra”
Siempre pasan estas cosas, cuando alguien del ambiente de la cultura, es confeso militante será atacado. Me pregunto si las artes seguirán en manos de musas y dioses, en un olimpo griego inalcanzable.  Toda cultura, toda expresión de las artes es inherente al humano, tanto como las ideas, las ideologías y las elecciones que se realizan en la vida, el arte es al humano tan familiar como la creencia, como la capacidad de respirar.
Coscia, traía el estigma de ser un cineasta peronista, con una mirada enfocada en lo nacional desde lo casi iconográfico, en su obra esto queda claro, más que claro.
En cambio la actual ministra, trae el estigma de cantar a ese país que no entra en las expectativas de la oligarquía, porque canta sobre trabajadores, hijos e hijas de las provincias que buscan armar sus vidas con el dolor del desarraigo, habla del amor simple y complejo a la vez, de los recuerdos de infancia, del patio de la abuela, de las caritas de los alumnos que tuvo como maestra rural. Viene marcada por cantarle a un país que no contaba para nada en los titulares de los terribles noventa. Viene marcada con el humo del piquete del hambre del 2000 y 2001.
Para la oligarquía es uh hecho maldito que los militantes populares estén al frente de la cultura, sobre todo si son de extracción peronista o de la izquierda enmarcada en el pensamiento nacional y popular, porque con ellos los “negros” vienen a ocupar el lugar que ellos les hubiesen regalado a sus escuálidos personeros.
No me interesa detenerme en los méritos, no es esto una oda ni un ensalzamiento de la figura de nadie, me interesa que analicemos la molestia que les causa que una cantautora popular ocupe este rol cuya importancia esencial es la de poner en relieve una cultura inmensamente rica, fundada en la purinacionalidad de nuestro pueblo, aunque la constitución aún no nos incluya a todos y todas.
Molesta la mirada popular, molesta esa música y esos versos que desgranan simples de un corazón que puebla el país, pero que no es considerado por las élites de la cultura.
Es hora de que ese otro país, que la cultura elitista se negó a ver, abra las puertas en guaraní, en quichua, en mapudungun, en qom y en todos los idiomas que pueblan nuestro suelo. Los ojos y las caras empiecen a poblar el imaginario cultural con sabidurías ancestrales.
Debemos recuperar el concepto de cultura popular, sin el eurocentrismo, entender que cultura es todo lo que un pueblo hace y piensa, que no hay cultos e incultos, sino seres aculturados por el interés de las oligarquías, pero que hay muchos que mantiene la cultura de la raíz en su hacer.
Darnos cuenta de la pluriculturalidad del pueblo es iniciar el camino hacia una conciencia nacional real, esa conciencia que hasta acá suele escapársele a nuestros estudiosos, porque el pensamiento nacional no lo será del todo mientras las culturas de las naciones preexistentes sigan quedando afuera, porque ese país que no se suele ver ni escuchar es el nido en el que duerme nuestra verdad más profunda.
Bienvenida Teresa, te recibo con la pesada carga de mis esperanzas de un ministerio en el que todas las formas de cultura tengan espacio para así tener un espejo donde ver nuestra cara más original.
Solo así dejaremos la colonia detrás, solo así las huellas de la verdad relucirán en la tierra.
Les dejo estas estrofitas para seguir pensando:

El Otro País – Teresa Parodi 1989


He visto el otro país
Descalzo en el arenal
Con ojos de cunumí
Preguntándonos por la dignidad
He visto el otro país
Vestido de soledad
Durmiéndose en el andén
Sin tener a qué puerta golpear
He visto el otro país
Pidiendo la libertad
De aquellos que encarceló
Sin explicación tanta impunidad
Lo he visto jugándose
Entero por los demás
De blancos pañuelos va
Déjenlo pasar, déjenlo pasar
He visto el otro país
En nuestros hijos mi amor
En la tremenda ilusión
De creérmelo, de creérmelo
Me duele debo decir
En la cantora que soy
En la maestra de ayer
Una y otra vez, una y otra vez
He visto el otro país
Buscándose el porvenir
De adolescente lo ví
Por la primavera queriéndose
En tantos vuelve a nacer
Me gusta sentirlo así
Que nadie pueda con él
Déjenlo vivir, déjenlo vivir

Lo miré soltar su esperanza al viento
Como una pandorga de sol en vuelo
Lo miré volver del trabajo incierto
Con el puño alzado lo sigo viendo

Lo miré pelear defendiendo un sueño
Lo miré en tus ojos, che compañero
Tan intensamente lo sigo viendo
Lo sigo viendo


He visto al otro país…

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