Todas las mañanas despertamos sabiendo
que quizá una de nosotras no estará más en este mundo y, que ese deceso, se
producirá a instancias de un mal vínculo. Esto no es, en absoluto, nuevo. Desde
que el pensamiento patriarcal se ha posicionado en el mundo, nos ha pasado lo
mismo, con mayor o menor crueldad, pero es siempre lo mismo por las misas
razones.
Sé que a muchos les costará comprender
que, aún, con el correr de los siglos, las razones sean las mismas. Pero, a pesar
de que les parezca increíble, el miedo a la libertad y al poder que ella
produce sigue siendo la raíz del miedo que insta matar.
"La maté porque era mía"
Los humanos nacemos para ser dueños de
nosotros mismos, mujeres y hombres llegamos al mundo del mismo modo, nos vamos
haciendo nuestros en la medida en la que vivimos. y decidimos atravesar
experiencias. Nadie puede ser de nadie, nadie nace con un contrato de propiedad
en el brazo.
Sin embargo, al finalizar las eras
comunitarias matricéntricas, se creó, junto con la idea propiedad, la necesidad
de dominar a quien es capaz, si así lo desea, de generar vida. Querían asegurar
la herencia. Si había de dominarse la tierra, hembra dadora de bienes, cómo no
dominar a su emulo humano dador de vidas.
Entonces aparecen los disciplinamientos
por terror, se educa a las niñas en una obediencia que inutiliza el espíritu,
la mente se debe adormecer para matar el hambre de saber y evitar, así,
cualquier cuestionamiento a esa autoridad imaginaria de los machos.
A muchos la libertad de crear los asusta,
los enfrenta a la idea de lo ilimitado de lo humano, comprender que una mujer
no es una pobre inútil que depende de un salvador les es frustrante y matan por
odio, porque odian sentir miedo frente a la fuerza de ellas, esa fuerza que,
como el agua, persiste por debajo, que como el fuego puede dejar campo yermo
pero fértil en el fondo. Matan porque necesitan saberse dueños de vidas y
bienes frente a esa tierra indómita que los asusta.
Claro está, el macho moderno ignora
absolutamente todo esto, sólo sabe que debe dominar porque fue criado por una
madre que reproduce el discurso que durante siglos amoldó su mente. Un discurso
en el que se permite condenar a aquellas que hacen lo ella no se atreve, y que,
en el fondo siempre la deja lista para juzgar su congénere con tal de quedar
bien frente a los monitores machistas, siempre las otras serán réprobas para que
ella sea la mansa mujer que acepta los preceptos del dios macho que condena a
las libres al fuego eterno.
"Mañana"
Mañana muchas marcharán con actitud consciente
de lucha social, marcharán por el bien futuro de sus hermanas, para que las
hijas de esta sociedad no sigan muriendo en manos de feroces asesinos. Otras,
por desgracia, lo harán porque queda bien, esa es nuestra pata débil, porque
son las que en el fondo, sin quererlo tal vez, seguirán juzgándolas por cómo se
visten o como se "portan", allí es donde debemos enfocar nuestra
tarea, en abrir ojos a nuevos horizontes, aunque para muchas de nosotras sean
viejos.
Sabemos que por suerte y por la
conciencia de muchas, existen varones no machistas, que comparten esta lucha.
Pero también sabemos que esta contienda es nuestra, porque son milenios de
asesinadas, torturadas y mentidas, los que debemos vencer, en una Patria que
condena más rápido a una mujer con poder por decir fuerte y claro, que los
abusos de los machos gobernantes. Aun vivimos en un sociedad en la que, cuando
una mujer asciende en la escala social, se sospecha que fue en la cama de un
macho poderoso, obviando que esa mujer, por el hecho de ser tiene mente y razón.
Mañana, cuando marches hacerlo para
librarte de las ataduras sociales, hacerlo por la libertad de parir o no, de
estar o no en pareja, por la equidad laboral, por la justicia igualitaria, por
el derecho a ser quien querés ser sin que nadie tenga derecho a objetarlo.
Mañana se marcha por el derecho a vivir,
y para que otros no te puedan usar para sus macabros intereses.
Mañana marchamos porque nos queremos
vivas y libres.
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