lunes, 4 de febrero de 2013

La tilinguería insultante

Por Guadalupe Podestá Cordero


“Al tilingo la “mierda” no se le cae de la boca ante la menor dificultad o desagrado que les causa el país como es. Pero hay que tener cierta comprensión para ese tilingo que es fruto de una educación en cuya base esta la autodenigración como zoncera sistemática.”
Arturo Jauretche

Argentina 2012, verano entre tórrido y frescón, el 21 de diciembre no se llevó al mundo, no hubo ni apagones monumentales ni catástrofes incalculables como los profetas new age prometieron, nada, ni un ruido, lo que sí dejó es un fenómeno reeditado, una especie que ya conocemos, que la vimos, la vivimos, la soportamos, la arrastramos como barquito al lastre, bah, la sufrimos… Con Ustedes (aquí debería escucharse el redoble circense) “El Tilingo Insultante!!!!”
Este, para nada pintoresco, ejemplar, se mueve entre el común de la gente y es difícil distinguirlo. Existe sin embargo una forma de saber si se está frente a él o ella.
Nómbresele un movimiento, personaje, medida o artículo que pertenezca y sea reconociblemente popular (popular en tanto perteneciente al pueblo, no a las clases altas, no como “conocido”), en ese momento tome nota del rictus que aparece en labios y naciente de la nariz… El espécimen estudiado adoptará un rictus de desprecio (comisuras hacia abajo, naciente de la nariz arrugada) que calla un “cosa de negros”, a veces no lo callan y lo dicen.
El tilingo insultante utiliza términos que implican posicionamientos, pertenencias o agrupamientos, como si fuesen insultos para que lo sean agrega las clásicas “mierda” Hijos/as de Puta”, “ladrón/a” o alguna valoración sobre la sexualidad ajena.
 Condenan e insultan como chico en berrinche, pero cuando uno amablemente les pide un argumento… insultan más… el problema es que si una, como yo, responde, entonces es violencia lo que se dice, pero el insulto no, el insulto de ellos debe sonar como la sinfonía Nº40 en sus propios oídos, así como seguro piensan que su excremento huele a rosas, porque para el tilingo insultante somos humanos de formas diferentes, o mejor dicho ellos lo son, nosotros no.
El tilingo insultante basa únicamente su argumentación en la estéril comparación con sociedades diferentes a la nuestra, con otros escenarios, otras idiosincrasias, otras historias.
El tilingo aprendió a mirar afuera antes que adentro, por eso habla de los latinos como si no lo fuera, piensa que Argentina está en Europa, y es más: que deberíamos ser como ellos (así estaríamos de hundidos). Nos comparan sin tomar en cuenta que cada país tiene sus particularidades, ya que todos son naciones pluriétnicas, aun pensando nuestro continente como Patria Grande no somos todos iguales, y que bueno es eso.
El tilingo califica de chorros a los que recuperan para el país las cosas que los que él glorificó, vendieron, se queja por la memoria y reclama que las organizaciones de Derechos Humanos intervengan en algo que no le atañe (recordemos que nacieron para luchar contra los abusos del estado, las corporaciones o grupos de poder sobre las personas, de lo demás se debe ocupar enteramente la justicia, como en el caso de los crímenes de Lesa Humanidad)
El tilingo ignora los estratos sociales y teme a la lucha de clases, le da “miedito” la palabra ideología y utiliza mal el término “gorila”, será porque a muchos de ellos les asoman los pelos por los puños de la ropa.
En un momento asoman arteros, munidos de insultos, como si la condición de opositor rabioso los tornase inimputables e imputeables.
El hecho de que el multimedio abogue por ellos, los hace sentir invencibles, como los púberes, que piensan que son inmortales.
Aclaro, esto no es una expresión  de rabia, es simplemente una caracterización realizada a partir de la experiencia de tratar con ellos, de verlos y escucharlos. De soportar que escribieran “Viva el infarto” como macabra reedición del asqueroso “viva el cáncer”. Que nos califiquen de esto o aquello.
Segunda aclaración, escribo desde un lugar parcial, porque cada humano es una parcialidad en sí mismo, somos subjetivos porque no somos objetos. Tenemos libre albedrío para elegir donde nos paramos, por eso elijo este lado, porque veo lo que hay en frente y no me gusta.
El tilingo se moviliza con odio en sus ojos y en sus labios, yo voy a la lucha con alegría, con la misma alegría con la que mis abuelos y mis padres me enseñaron a ir.
Nunca caminé, como muchos compañeros, por el chory y la coca (más allá que de los inventos populares es el más rico), esa es una herencia neoliberal de la que por suerte estoy exenta. Camino y caminé porque el repique del bombo me resuena en el corazón y los ovarios, porque soy como esos que ofendían a los oligarcas poniendo “las patas en la fuente” porque la fuente estaba en la plaza, y antes que de nadie la plaza era del pueblo.
Camino en el pulsar de mis ancestros, en el latir semianarco que tengo metido en la sangre.
Cuando el tilingo insulta, también lo hace desde sus antepasados, pero a la inversa, olvidando el hambre que muchos de ellos pasaron y que pudieron saciar en este suelo. El tilingo sueña que es Onasis en un Jaguar, piensa que Miami es lo mejor (suele ser que conocen sólo eso), el tilingo piensa que en USA no hay indigentes, les dice homeless que le da más estatus.
Entonces insultan a un ministro que va con su hijo en brazos, al vicepresidente que fue a un acto, insultan a la presidenta amparándose en el humor –tomemos en cuenta que lo hace alguien que piensa que pasó a integrar la oligarquía porque paso a ser ganadero y a pedir que aumente el precio de la carne- y nos insultan a todos parándose en un “no partidismo” falso de toda falsedad.
¿Esa es la fuerza del cambio que ellos nos quieren mostrar? ¿Ese es su diálogo? ¿Esa es la impoluta forma de cambiar el mundo?
El tilingo es alguien que no odio, es, en todo caso, alguien que me da pena.
Es alguien que al insultar se insulta, porque se rebaja. Es alguien que no escucha, se ensordece, se encierra.
Don Arturo (Jauretche, claro) dice que es porque tienen en el basamento de su educación la autodenigración como zoncera sistemática, y es cierto. Al volverse soeces se autodenigran, quieren ser lo que no son, quieren no ser lo que sí son (latinos, sudacas, negros) quieren vivir donde no viven y mudarse de donde están, si tienen rulos se los planchan, bailan cumbia por esnobismo, pero aspiran eternamente a la ilusoria imagen que Sarmiento, Mitre y Roca, entre otros, nos pintaron de lo que era ser bueno. Y por sobre todo, tienen un problema con la negritud, hasta son capaces de operarse la nariz para que no se note.
El tilingo es criado racista “trabajé como un negro” “lo compre en el bolishoping” “ese es paragua”, es racista porque le da miedo no ser europeo puro, cuidado con su condición de criollo, mestizo o zambo ¡Por Dios qué miedo! Esa conciencia también fue implantada, basada en un modelo educativo eurocéntrico y es una pena que haya logrado calar tan hondo, porque, sépanlo, ninguno de ustedes es puro nada.
Quizá se lea chocante todos esto, es posible, pero es lo que siento este día, después de leer las noticias, después de hablar con compañeros que están como yo.
Apostemos a un cambio educativo profundo, que ayude a que las próximas generaciones se reconozcan Abiayalenses, insertas en este paisaje multicolor inmenso y maravilloso.
Apostemos a que el tilingo abra los oídos, al menos y saque los pies a dar una vuelta, a que se permita bailar con un bombo retumbón y comerse un chory con los muchachos, pero no en Las Cañitas.
Sé que mientras la oligarquía siga manejando el esquema simbólico solo podemos dar una batalla cultural, pero es la mejor de las batallas, en ella se trata de que haya espacio para todos, sin zonceras, sin tilinguería insultante. Pero bueno, lo de hoy es lo de hoy, mañana ya veremos.

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