Por: Guadalupe Podestá Cordero.
A veces es bueno abstraerse por unas horas de lo que
sucede alrededor, porque eso permite “lavar” los ojos para poder mirar con
mayor claridad después.
Claro está estamos en septiembre, arrastrando los
restos del invierno para renacer en primavera, si, para muchos de nosotros/as,
que practicamos el chamanismo u otras formas de espiritualidad antiguas, en la
que los equinoccios y solsticios son puertas hacia cambios vitales importantes,
la llegada de una estación como la primavera (o lo que el cambio climático dejó
de ella) implica, en nuestras vidas, un reflorecimiento, un renacer en belleza.
Será, acaso por esto, que el imperio se ha especializado en arruinarnos la
primavera a los que vivimos al sur de las fronteras de su gendarme.
Septiembre en sus fines nos presenta la primavera, pero al
imperio no le gusta que los pueblos tengan primaveras, y menos si son
revolucionarias. Entonces instiga conspiraciones internas, invasiones,
malestares, golpes, todo lo posible para que ningún pueblo tenga primaveras
para festejar.
Con esto no digo que las fuerzas imperiales estén en
contra de los picnics, no, al contrario, eso les gusta, que nos reunamos a
comer, bailar, coquetear mientras cantan os muchachos y las chicas de moda,
con un fondo kitsch, está bien, mientras puedan presentar a jóvenes inmersos y rezumando
venalidad de pseudoromanticismo hollywoodense está todo bien. Pero, primaveras
populares, donde el pueblo festeje reivindicaciones fundamentales, donde se
organice el poder popular, esas donde “el otro soy yo” y nos encontramos codo a
codo con compañeros y compañeras unidos para hacer un país, una región, un
mundo de y para todas y todos, eso les da tirria.Ayer fue 11 de septiembre, una fecha muy importante para el corazón de nuestra región. Para los argentinos y argentinas, fue el día del maestro (homenaje inmerecido a un Sarmiento que de docente no tuvo nada y que no fue el que más hizo por la educación de nuestro pueblo, digamos que tenemos mejores maestros y maestra para homenajear), y a esto se suma la conmemoración del golpe de estado para derrocar a Salvador Allende y que se llevara su vida junto con la libertad de ese hermano país. La entereza de Allende y de ese pueblo trabajador que se organizó de mil y una formas para resistir las operaciones internas de destitución, que encabezaron industriales, dueños de transportes y los medios (que casualidad) junto a algunos partidos políticos, todos cobijados en el poncho estadounidense, que los financió y asesoró para que entonces Friedman pudiese ensayar sus teoría de concentración de capitales y exclusión, conmueve inevitablemente.
Pero hubo otros días en septiembre, en la historia latinoamericana
que me hacen sostener mi teoría, veamos:
1 de septiembre de 1979, es asesinado Jesús Jimenez,
campesino, Delegado de la Palabra, mártir de las Buenas Noticias a los pobres
en el salvador.
6 de septiembre de 1839, es ahorcado Manuel Congo,
líder de la rebelión de esclavos más grande que se produjo en la región del
Valle de Paraíba del Sur, específicamente en Paty do Alferes, en Río de
Janeiro. Y en 1930 El presidente radical Hipólito Yrigoyen es derrocado por un
golpe militar, encabezado por el teniente general José Félix Uriburu.
10 de septiembre de 1924, Los marines ocupan varias
ciudades hondureñas para apoyar al candidato de los EEUU.
11 de septiembre de 1973, Golpe de estado que derroca a
Salvador Allende.
12 de septiembre 1821 El gobierno suprime por decreto
la Gaceta de Buenos Aires, primer órgano de prensa de las ideas
revolucionarias, nacido el 7 de junio de 1810. Y 1989, es asesinado el
dirigente campesino Valdicio Barbosa Dos Santos.
14 de septiembre 1816, El coronel Manuel Asencio
Padilla, tras salvar la vida de Juana Azurduy, su compañera, es alcanzado y
decapitado por el Cnel. realista Javier Aguilera en El Villar, Alto Perú.
15 de septiembre 1842, Es fusilado en Costa Rica
Francisco de Morazán, héroe de la independencia centroamericana.
16 de septiembre de 1955, Golpe autodenominado
“Revolución Libertadora” más conocido como “la Fusiladora”.
16 de septiembre de 1973, Es asesinado por la dictadura
del Gral. Pinochet el cantante popular chileno y latinoamericano Víctor Jara. Y
en 1976, La llamada Noche de los Lápices, horrible acto del terrorismo de
estado, en el que secuestran a 10 estudiantes secundarios de entre 14 y 17
años, en La Plata.
23 de septiembre 1850, Muere exiliado en Paraguay, el
“protector de los pueblos libres del Sur”, José G. Artigas. Y en 1973 Con mucho
sufrimiento por ver como se derramaba la sangre por nuestro continente muere, asesinado
con arsénico, Pablo Neruda.
24 de septiembre 1553 Es ejecutado el líder mapuche Caupolicán.
Claro, que en septiembre, a pesar del imperio, florecen
los pueblos:
4 de septiembre 1970 Salvador Allende, candidato de la
Unidad Popular, gana las elecciones presidenciales de Chile.
7 de septiembre 1822 Se declara la independencia de
Brasil, “Grito de Ipiringa”.
14 de septiembre 1810 La ciudad de Cochabamba, Alto
Perú (actual Bolivia) se levanta en armas apoyando la Revolución de Mayo.
15 de septiembre 1821 Costa Rica, El Salvador,
Guatemala, Honduras y Nicaragua proclaman su independencia.
18 de septiembre1810 Chile se declara independiente. Y en
1969 Se produce en la ciudad de Rosario “el Rosariazo”.
21 de septiembre1981 Independencia de Belice.
24 de septiembre 1976 Trinidad y Tobago se declara
independiente.
La mano imperial reacciona siempre ante los atisbos de
florecimiento popular. Porque la mente imperial al igual que su hijita, la
oligarquía, detesta a los pueblos que se revolucionan por amor, detesta la
poesía y la mística que muchas veces enmarcan a los movimientos populares.
Puede que lo que les digo les suene a una rara mezcla
de romanticismo y conspiración. Pero no. Cuando los poderosos ven al pueblo
festejar, crecer, florecer en la conciencia y el debate, se enfurecen, porque
un pueblo feliz no es fácil de avasallar.
Desde las usinas del pensamiento dominante, el pueblo
marchando para luchar o para festejar, es el “aluvión zoológico”, es el “quilombo”
(quilombo en tanto desorden, gresca, caos. Ignorando que era el vocablo con el
que se nombraba a los territorios habitados por esclavos que escapaban del
patrón para vivir en libertad, en Brasil)
Para el pensamiento oligárquico, elitista, prohijado en el imperialismo, la alegría popular es grotesca, es garantía de desastre, es anárquica (desde una visión caótica y destructiva del anarquismo, los significados tergiversados son una especialidad de las producciones lingüísticas imperiales), les molesta el pueblo en la calle, como molestó siempre. A ellos les asombra incluso lo variopinto del color, porque para ellos el pueblo es negro –claro, no faltará el que atajándose diga “negro de alma, no de piel” como si eso disfrazara su racismo- iletrado, pobre, sin derecho a nada, porque según las oligarquías, por mandato divino, nacieron para ser esclavos.
Septiembre es un mes que hace visibles las
contraposiciones de modelos ideológicos, parece ser un mes creado para
despertar conciencia para no dejar que ellos nos roben la posibilidad de seguir
derribando los muros que nos ha construido a fuerza de despolitización,
aculturamiento y consumismo.
Podría haber escrito esta notita, este casi homenaje,
hablando desde el dolor, porque los genocidios duelen, ocurran donde ocurran,
pero preferí contarles lo que sentía, porque no quiero que nos sigan robando
primaveras.
Festejemos, sigamos floreciendo en conciencia,
avanzando, creciendo y fortaleciéndonos. Que la primavera nos encuentre
gestando, pariendo y formando una Patria Grande Justa, Libre y Soberana.
Venceremos.

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