Se suceden los días de septiembre y siguen saliendo
pensamientos de mi cabeza, así como las plantas se llenan de flores yo me lleno
de palabras, que locura.
Los caminos de la memoria me llevan hasta hace 58 años,
si, 58, porque un 16 de septiembre de 1955 unos tipos con la mente cerrada al
pueblo y muy abierta a los poderes económicos concentrados, le dijeron a los y
las argentinas que ya no había espacio para sus reivindicaciones, que el sueño
se había terminado y que las ideas peronistas no existían más.
Sólo unos meses después de bombardear plaza de mayo
para matar a Perón y matar trabajadores, si matar trabajadores, porque esas
muertes siempre se calculan -porque los señores de poder concentrado siempre
calculan el precio de sus operaciones en sangre de pobres- se alzaban contra un gobierno popular, por
ese mismo pecado, ser popular.
Porque para ellos “los negros” no tenían nada que hacer
en las universidades, ni en los balnearios y mucho menos en los teatros.
En la nota anterior, decía, que al imperio y su hija
dilecta, la oligarquía, le molesta que el pueblo festeje, tiene que negarle la
felicidad, pero también la pertenencia y la identidad.
El golpe se hizo en nombre de aquellos que sintieron mancilladas
sus sagradas calles de la capital federal, como si sólo le perteneciera a esa
minoría que se considera elegida por algún mesías foráneo, iglesia mediante,
esto venía preparándose desde el mismo 17 de octubre. No soportaban al hijo del
obrero en la universidad, ni las escuelas pagas soportaban tener que becar
hijas/os de trabajadores. La “gente bien” los “decentes” eran blancos, los más
bajo de la escala era oficinista, el resto, para ellos, era “chusma”, “lacra”,
“cabecitas negras”, “grasa”.
Hace 58 años se le prohibió al pueblo nombrar y hasta
pensar los nombres de Perón y Evita, se tiraron pulmotores y ropas al río para
borrar la obra de la fundación, se demolió una casa histórica, porque fue la
residencia presidencial, se derogó una constitución para volver a imponer una
constitución unitaria, se le dijo al pueblo que no habían más sueños colectivos
no regionales, porque desde adentro y desde afuera se le decía basta a los
pueblos libres, basta a la igualdad, basta a la justicia la soberanía y la
libertad de ser quienes eran.
Y claro, cada vez que las sombras se ciernen sobre el
pueblo llegan con muertes, y fueron los fusilamientos, los de José León Suarez,
el de Valle, y tantos otros.
Esa no iba a ser la última vez que se le negara al
pueblo la capacidad de soñar y luchar por esos sueños colectivos. Pero si
iniciaba la implantación del miedo como una forma sistemática de dominación.
Años más tarde, en 1974, el mismo día, asesinarían a
Atilio López, dirigente obrero, que había sido, hasta que lo derrocaron,
vicegobernador de Córdoba.
A él lo criticaron a más no poder, no sólo a él,
también al gobernador Obregón Cano, por su cercanía con la juventud y con
ciertos ideales revolucionarios. Pero a López
se le criticaba el no tener doctorados ni licenciaturas, lo criticaban porque
era un trabajador, y por ser peronista, por haber participado en el Cordobazo
junto a Tosco y Torres, por haber sido secretario general de la CGT Córdoba,
que era muy combativa.
Me dirán, a él lo mataron en épocas de Perón, si pero
cuidado, que no todos los que se embanderan con el movimiento son en efecto
expresiones del pueblo. En una estructura tan amplia, siempre la mano oligarca
ha podido meterse y trenzar. A Atilio López lo mató la mano del imperio vestida
de Triple A, porque esa visión no es popular, a la derecha recalcitrante y en
este caso asesina no la creo el pueblo, son las patas del imperio contaminando
almas.
Aquí me detengo un momento, el peronismo, a los largo
de su historia albergó personas maravillosas, pero el Justicialismo ha tenido
cosas que mejor perderlas que encontrarlas, y no le digo desde afuera, yo me
reconozco peronista, pero no puedo reconocerme justicialista, porque el
justicialismo permitió Vandores, Lopez Regas y otras vergüenzas, permitió
sindicalistas que se vendieron al patrón
en desmedro de la historia de la CGT y de la unidad del pueblo trabajador,
permitió la Tripe A y el Comando de Organizaciones, la CNU y otras tantas cosas que uno enumera
desde el dolor, pero que con los años, y después de preguntar hasta el
cansancio y leer, y ponerse a revisar, llega a entender que los oligarcas que
pueden estar latentes dentro de algunos militantes son más peligrosos que los
contreras, porque esos son los cipayos de adentro que abren puertas a los
invasores de afuera.
Atilio López se jugó por los trabajadores, creyó en la
importancia esencial de lo popular y lo colectivo y le robaron la vida por eso.
Hoy debemos recordarlo con honor, cariño y orgullo, como a tantos miles de
compañeros/as.
Pero dos años después el imperio y la oligarquía, de la
mano de sus asesinos de turno volverían a decir que no se puede desear, que no
se puede pedir ni luchar ni soñar, lo dijo secuestrando, desapareciendo a 10
estudiantes secundarios, militantes algunos de ellos de la UES, tenían entre 16
y 18 años, muchos sueños, millones de cosas por hacer en este mundo. Ellos no
fueron los únicos. Muchos jóvenes y niños perecieron a manos de las garras
asesinas, eso no se debe olvidar.
Esa noche se llevaron a: DANIEL ALBERTO RACERO "Calibre", 18 años; MARIA CLAUDIA FALCONE16 años; MARIA CLARA CIOCCHINI 18 años; FRANCISO LOPEZ MUNTANER
"Panchito", 16 años; CLAUDIO DE ACHA 17 años; HORACIO UNGARO 17 años. Algunos de los chicos sobrevivieron PABLO
DIAZ 18 años; GUSTAVO CALOTTI "Francés", 18 años; EMILCE MOLER17
años; PATRICIA MIRANDA 17 años.
La Noche de los Lápices, no es más que la obra
asquerosa de los asesinos de sueños y vidas, y era otro paso en la imposición
del miedo como agente de dominación psicológica de la población, porque esa es
la razón de la existencia del terrorismo de estado, atemorizar al pueblo para
poder hacer lo que los señores del poder quieran con vidas, tierras y bienes.
Esa noche terrible de La Plata, fue utilizada mucho
tiempo para evitar la formación de centros de estudiantes secundarios, incluso
recuerdo en el 91, frente a las marchas contra la Ley Federal de Educación, la
noche antes de que los estudiantes marchásemos a la Plaza de Mayo, canal 13 que
ya era del grupo Clarín (recuerden que fue la primera privatización), proyectó
“la Noche de los Lápices”, al otro día, muchos padres le negaron el permiso a
sus hijos de asistir a la marcha.
Lo que le asusta al imperio de los movimientos
juveniles es la potencia de la conciencia clara, los asusta la conciencia
militante y el conocimiento político en manos de los jóvenes, porque eso
implica la revolución de muchas formas, pero sobre todo la revolución cultural,
porque implica romper con los cercos internos que la dominación ha creado.
Los jóvenes, de esa época, discutían política al nivel
de los adultos, pero además accionaban en el mundo real, se buscaba generar “el
hombre nuevo” del Che, alcanzar un país para todas/os, una Patria Grande
nuevamente, y mucho más.
Ahora que se vuelve a alcanzar el punto en que los
jóvenes vuelven a meter la política en su marco de realidad, y vuelven a tomar
para si las calles, las plazas, ahora que se vuelve a la idea de la
organización del barrio para bien del barrio y que se siembran centros
culturales, y movidas populares, ahora que se despierta la potencia creativa,
es que debemos recordar a esos que lucharon hasta la última gota de sí mismos.
Me van a decir que los estoy idealizando, pero no, es
sólo tomar dimensión del peso histórico de las personas, porque desde los que
conformaron la resistencia peronista, hasta los treinta mil en lucha y
resistencia desde sus ideologías propias (porque por supuesto esto excede al
peronismo) tienen un peso histórico innegable, un peso que ninguna teoría de
los dos demonios podrá borrar, por mucho que se intente.
Hoy es un día para recordar.
En medio de esta marea emocional y subjetiva en la que
escribo, resurge en mí el orgullo de venir de la clase trabajadora, peronista,
nacional y popular, y desde allí miro a los ojos de mis padres y mis abuelos, y
desde aquí miro feliz los ojos de los que vienen.
Nada está perdido, lucharemos porque las palabras de
Evita aún resuenan en el corazón: “sobre las cenizas de los traidores
construiremos la patria de los humildes”.

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