viernes, 20 de septiembre de 2013

El Neoliberalismo, la New Age y la Política.

Por Guadalupe Podestá Cordero

Los humanos deseamos, como todos los seres vivos de la vida animal desear es lo que nos da impulso en la vida, lo que nos hace seguir adelante. Lo que muchos llaman “instinto de conservación” es, en realidad, el impulso que nos da el deseo.
Qué sentido tendría, sino, generar proyecto, pensar a futuro, cuál sería el sentido de nuestro avance, sino la búsqueda de la realización, de esa sensación de completud que será quebrantada por un nuevo deseo, para ser alcanzada nuevamente. Ese deseo que viene a romper la momentánea completud es lo que evita que el placer se transforme en meseta y nos lleve a una profunda pena, fruto de sentir que nada nos falta, ni nos desafía, ni nos interesa.
Es decir, entonces, que el deseo no es esencialmente negativo, pero es factible de desborde.
La historia está plagada de deseos desmedidos de esto o aquello, esos deseos desmedidos han conducido a guerras, matanzas, invasiones, y demás. ¿Pero de quienes eran esos deseos desmedidos?
Las coronas nunca callaron ni disimularon su avaricia (es decir, su deseo desmedido por poseer oro, tierras, bienes) pero si le cargaron los crímenes cometidos para saciar ese deseo, en las espaldas de sus pueblos “en nombre del bien del reino, el imperio (o lo que tocare en turno)” . Hemos pasado por eras feudales, reinados, imperios pero un día, el deseo desmedido se corporativizó y apareció la revolución industrial y el liberalismo económico.
Un día comenzó a especularse con los capitales y aparecieron las grandes industrias, y de allí al capitalismo, como por un tubo, el capitalismo y sus industrias necesitaban generar valores y ganancias, entonces hizo falta crear el consumo interno y externo.
En principio la gente adquiría lo que necesitaba, tal como antaño, pero, a medida que la producción crecía y el mundo se ensanchaba a ojos de los negociantes fue necesario crear el deseo, entonces aparecen las primeras formas de publicidad.  Es decir se hizo notorio el producto, publicitar es hacer público algo. Esta idea surgió del fuero legal francés y más tarde, a medida que crecieron las necesidades de mercado pasó al ámbito comercial. Recordemos que publicidad hoy implica algo comercial, mientras que la propaganda implica la propagación de marcos ideológicos. Ambas pueden mezclarse pero no son lo mismo.
El aparato publicitario fue generando la idea de que “la vida sería mejor con…”,  esto obviamente no es nuevo, como sabrán el público viene comprando y resonando hace mucho, un día las publicidades comenzaron a hacer eje en lo afectivo y en los deseos básicos. Esto no fue el máximo punto, porque si bien se buscaba generar empatía con los personajes y con el producto, es decir, encontrar que se desea tener eso porque nos hace mejores. Ojo, no sólo se promocionan productos, sino formas de vida.
Pero vamos a nuestro tema, después de esta introducción breve.
Como bien dice Naomy Clein, fue necesario poner sociedades en shock para que en neoliberalismo pueda insertarse en ellas. El capitalismo salvaje fue delineando conductas sociales que en otros momentos hubiesen resultado censurables, o al menos, molestas.
El querer tener para mostrar y pensar que se es algo, convierte al habitante de ciudades y pueblos grandes, en un consumidor cuya estabilidad depende de la seguridad de ser admirado e incluso envidiado por sus pares.
Cuando en los noventa se anuncia el fin de las ideologías, crece la crisis personal, porque aquellos cuya existencia seguía atravesada por sus principios ideológicos, políticos, religiosos e incluso partidarios, era mirado como un dinosaurio extraño que no había evolucionado hacia cierta melange de creencias que no definía, no cuestionaba y si acataba las revelaciones pseudodivinas de los gurúes de moda, sean estos religiosos, comerciales, o del pensamiento.
Es en ese contexto post dictadura militar (pero con la dictadura económica neoliberal aún en el poder rezumando exclusión y elitismo) que la New Age gana poder en estos lugares del mundo, los nuestros y nuestra identidad termina de perderse en un rincón, para ser sólo recordada por aquellos que el sistema considera afuera o los que son tomados como intelectuales transgresores (y como transgresor sonaba complejo era una palabra interesante para usar de etiqueta, entonces quedaba bien ¿viste?)
Claro, me van a pregunta que le veo de malo a la New Age, te cuento, es individualista en su profundidad, genera la idea de que los elegidos existen, destruye la construcción colectiva.  Terminó por anclarse el pensamiento de que el que está fuera del sistema, lo está porque quiere y que ayudar sin que te lo pidan está siempre mal aunque el otro sufra frente a vos. La New Age contó que la política era mala y que los movimientos que buscan alcanzar el poder, lo buscan sólo por la intensión de dominar, omitiendo ex profeso, que los cambios profundos de un país o de una región sólo pueden materializarse desde el poder político y económico. Que lo mejor que te puede pasar es vivir meditando y “decretar” lo que deseas. Decretar… me recuerda a algo… a sí!!! Es una atribución del poder. Claro, el deseo y la decisión surgen del debate interno o de las preguntas, de las charlas. Se puede luchar por un deseo, por un sueño, pero cuando uno decreta no hay construcción posible, porque un decreto personal no es como un decreto de estado, que se usa cuando no queda más opción. No en el decreto personal me importa nada la discusión que puedan tener las figuras de mi mundo interno, es mi sola vos. Entonces ese meditador New Age, que habla de paz y misericordia, se convierte en un ser prepotente que no sueña, decreta. Al desterrar el concepto de decisión  se va con él la idea de responsabilidad. Porque cuando yo decido me hago responsable de esa alteración temporoespacial que surge como consecuencia del cambio que haga.
¿Y qué tiene que ver esto con el Neoliberalismo? Me vas a preguntar.
Mirá, esta escuela de pensamiento es producto de las variables neoliberales, cuanto más solos estamos, cuanto más concentrados en el centro del ombligo, más lejos de lo colectivo y lo popular estamos. Dejamos de ser pueblo para ser “la gente” y la gente puede ir con otros miles a un lugar, pero no siente la pertenencia profunda que sí siente quien se identifica con el pueblo.
Si todo se lo achaco al Karma (y aclaro que soy reencarnacionista) entonces no tengo responsabilidad en las vivencias que atravieso, pero tampoco hago nada por modificar la realidad política y económica del país y de la región.
Las figuras elevadas de la New Age, los que llaman Maestros Ascendidos, no se parecen en nada a nuestros pueblos, nooooooo… hasta los que tomaron de oriente son blancos y de ojos claros, pelo de cualquier color, pero la piel blanca. Se tomaron dioses de la antigüedad humana y se los vaciaron de contenido y significado, cosa que los poderes expansionistas de las coronas han hecho desde siempre.
Entonces seguimos mirando lo que viene del norte del mundo como ideal, bello, divino, como el neoliberalismo. Esa misma actitud tomaban los economistas y muchos periodistas, frente a los enviados del fondo monetario.
Cuando estas formas sociales se enquistan hay problemas, porque surge la envidia como pasto, y la envidia genera dos cosas terribles como la frustración y el resentimiento. Cuando desde los medios se bombardea al público con productos para que los compre y se sienta exitoso, realizado, lindo, aceptado, elegante o inteligente, se le dice que no será amado si no “tiene” esas cosas, por lo tanto hay que tenerlas como sea.
Bien dirá Deleuze, que lo que se busca no es la cosa, sino el paisaje detrás de la cosa, o mejor dicho lo que la cosa implica y su contexto. Por ejemplo, el auto tal, no se desea el auto por eso, se desea el auto por la libertad de viajar, por el status que se demuestra, por las conquistas que pueden hacerse con él, por ganar una picada al estilo de rápido y furioso, como en aquella publicidad del Renault Fluence, en el que un hombre que se queda al costado de la ruta, es llevado en un Renault Fluence a buscar combustible y cuando vuelve quema su auto porque no es igual al auto en el que lo llevaron.
Cuando salen a pedir dólares, los que salen no salen por el objeto mismo, salen por lo que tener dólares significó desde la bicicleta financiera de fines de los setenta para acá, salen porque el que tiene dólares “es vivo y tiene guita”
La cultura de los noventa, donde Punta del Este era status y Miami la meca, no empezó allí, se gestó en el golpe de estado del 76, donde no sólo se mutó el modelo económico y social, sino el filosófico y el psicológico.
Muchos se preguntarán cuanto se para hablar de esto, pero una parte de mi vida está ligada a las filosofías antiguas y a la Parapsicología. Como docente en Parapsicología, maestra de meditación, ritualista y algunas cosillas más, puedo decir que la New Age bastardeó, como movimiento, muchas de las prácticas y conocimientos antiguos, pero también afectó la forma en la que las personas ven la realidad de este país.
Como psicodramatista, veo cómo la sociedad fue mutando roles, aunque algunos permanecen, y como fue descartando arquetipos antiguos para adoptar un marco arquetípico semi moderno, que lo aleja de la profundidad  indentitaria.
Como militante y como una observadora que ejerce el periodismo (o lo intento) no puedo evitar darme cuenta que estos temas se interrelacionan a tal punto de volverse uno herramienta del otro. El Neoliberalismo no se hubiese impuesto como formato ideológico sin un marco filosófico y religioso a su servicio. Pero aclaro, esto no es nuevo en la historia. Cada avance imperial tuvo las mismas características.
No nos invadieron con los marines, pero si con el idioma, la moda y lo que consideramos o no formas aceptadas de vivir. Esto generó un parámetro de exclusión que dejó, como siempre, afuera a las mayorías.
Hoy, cuando el retintín de la palabra inseguridad no cesa de aparecer en cuanta charla se tiene, gracias a la contaminación mediática, y se habla de la baja en la edad de imputabilidad de los menores, deberíamos tomar en cuenta, que los que hoy salen a robar son producto del accionar del neoliberalismo.
Si lo que tenés te define ¿Qué definición tiene el que nada posee? ¿Deja de ser persona? ¿Si no hablo ingles no merezco nada?
La penetración cultural es clave en esto, porque, por supuesto, luego de la plaga neoliberal, quedó claro que da más puntos comprar en outlet que en saldo, aunque sean lo mismo, se sabe que da mejor imagen que en una vidriera diga off que descuento, queda mejor escribir en twitter “wtf” (what the fuck) que poner “¿qué carajo?” (Que sería su correspondencia argentina). Una puede ser abierta de mente sin necesidad de decir open mind, que es lo mismo pero suma porque es en inglés, o puede cocinar sin hablar francés o italiano.
Esto no implica ni ignorar ni censurar, pero seamos conscientes que el trabajo fue finito, llevo tiempo y hoy cuesta salir de la trampa.
Tal vez, al recuperar, como está sucediendo, la identidad popular, reaprender la historia sin mirarla con los ojos del dominador sino con los propios, si volvemos a ser orgullosos habitantes del sur del mundo, empecemos a salir de esa caverna en la que “ser es tener” y en la que sólo importa “que yo esté bien”.
La salud mental y espiritual de los pueblos surge sólo de la construcción popular y colectiva de la felicidad.

Entonces seremos libres de elegir, entre todos y tal vez entonces Pachamama nos mire orgullosa porque hemos vuelto a ser sus hijos e hijas.

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