jueves, 13 de julio de 2017

EL BOCHA

Cuento de Tabby Cordero

Resultado de imagen para chicos de la callePequeño, eternamente hambriento, ágil, inteligente y veloz como una ardilla. Su piel oscura no conocía más que el agua de la lluvia y las caricias del viento.

Negros de barro los pies y curtidas las manos.

Revolvía los tachos para comer y a veces alguien le ofrecía alguna cosa. Dormía con un ojo abierto, donde lo pescara el sueño.

Unos días hacía mandados para la diariera de  la esquina de la plaza y ella le tusaba el pelo lacio, evitando, sin mucho éxito la piojera.

Un mañana un micro ruidoso, lleno de insignias, bombos y banderas se detuvo y bajaron muchachones bullangueros cantando consignas y marchas.

Uno de ellos le alargó una medialuna enorme y el Bocha la devoró sonriendo. Lo invitaron a subir y partió con ellos.

Aprendió canciones y proclamas, hasta le dieron una bandera con una pareja abrazada, que onduló en el aire de la calle.

Mientras aprendía a poner los deditos turbios en V, le pusieron una gorra con letras en medio de una bandera, sobre la visera.

Le convidaron con mates dulces y dos o tres alfajores al mismo tiempo que la negra Rosa le ponía una remera blanca con la cara de una mujer sonriente de mirada generosa. Atrás repetía las letras de la gorra.

Cantó, bailo, avanzó entre una multitud fervorosa por los senderos de una plaza cubierta de algarabía, pasacalles, pancartas y murga que retumbaba en el corazón.

Comió choripanes como para siempre. Bebió mates y gaseosas hasta inflarse como un globo.

De regreso a San Miguel, buscó un banco para descansar enfundado en una de aquellas banderas que hacían juego con su remera nueva, ya no tan blanca y con letras azules y con un enorme suspiro se dejó caer en él semi adormecido.

Resultado de imagen para chicos de la calleSin saber cuándo, ni cómo ni porqué una lluvia de golpes cayó sobre su cuerpo entumecido.

Alguien gritó - ¡a estos pichones de la yegua hay que matarlos de chiquitos  y entre risotadas y palabrotas pasó de un sueño al otro.

Una paloma desde un árbol observaba el hilo rojo que partía desde debajo de la bandera, formando un charco brillante que envolvía poco a poco una manito yerma con los dedos haciendo la V.


Y un borracho trastabillando musitó - ¡No es cierto que el amor vence al odio! – y se alejó hipando mientras amanecía lentamente una gris mañana de octubre.

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